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Centro de la Fotografía y la Imagen Histórica de Guadalajara

Archivo Fotográfico Cortijo-Ballester

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La colección fotográfica en su conjunto formada por 249 positivos 135 negativos y 335 diapositivas (cuya autoría es compartida por el matrimonio CORTIJO-BALLESTER , aunque la mayoría de los clichés deben atribuirse a Rosario, más cerca del campo profesional y miembro de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara) delata el interés de la pareja, sobre todo de Francisco, por documentar los pueblos y enclaves de la comarca de la Alcarria Baja y sus modernas infraestructuras hidrogáficas, fuente de riqueza y promesa de desarrollo turístico.

Refiriéndonos al contenido de la colección, señalemos que el grupo de fotografías más impactante es el que recoge las obras de reconstrucción y restauración del Palacio del Infantado de Guadalajara en la segunda mitad de los sesenta (unos años antes se habían realizado trabajos de consolidación y cubrimiento de aguas), obras que despegan definitivamente a comienzos de 1965 con la visita de Gratiniano Nieto, director general de Bellas Artes, y que ejecutadas bajo la dirección de José Manuel González-Valcárcel se prolongaron hasta principios de los setenta. El interés de la serie radica además en su valor documental, ya que existen pocas imágenes publicadas de esta profunda intervención arquitectónica, con los trabajos de los canteros incluidos (obviamente, muchas de las piezas originales desaparecieron como consecuencia del bombardeo de diciembre de 1936). El cronista provincial Francisco Layna, principal impulsor de la necesaria salvación del edificio, publicó numerosos artículos en la prensa provincial en los que puso de manifiesto un estrecho seguimiento de las obras y donde abogaba por una recuperación del palacio desde una perspectiva purista consistente en la reintroducción de los elementos gótico-flamígeros del siglo XV tanto en la fachada como en el patio de honor, sugerencias de un rigorismo extremo que por suerte no fueron atendidas en su totalidad, pues la eliminación de cualquiera de las modificaciones manieristas ordenadas por el quinto Duque no tiene justificación desde la óptica actual. Reproducimos un pasaje de uno de los artículos de Layna: “Las obras de la fachada irán muy lentas porque al ser incendiado el edificio en 1936, se calcinaron muchas piedras de la galería superior e incluso de la portada; como antiguos y desdichados remiendos, varios sectores del antepecho en la galería superior, así como casi todos los garitones son obra de burda yesería y resulta inexcusable y antes que nada ir labrando muy crecido número de piedras idénticas, más luego las columnillas y tracerías góticas de todos los garitones sirviendo de modelo las de los dos que perduran casi íntegros por fortuna; sólo cuando este acopio de materiales sea cuantioso podrá acelerarse la restauración. Esa obra de cantería la realizan obreros especializados, y quien desee comprobarlo no tiene sino penetrar en el jardín del palacio, convertido en taller. Para terminar, diré que siguiendo mi consejo se utiliza en estas obras piedra de Tamajón, de la misma cantera explotada para construir el palacio a fines del siglo XV” (Nueva Alcarria, 20-III-1965). La colección fotográfica en su conjunto (cuya autoría es compartida, aunque la mayoría de los clichés deben atribuirse a Rosario, más cerca del campo profesional y miembro de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara) delata el interés preferente de la pareja, sobre todo de Francisco, por documentar los pueblos y enclaves de la comarca de la Alcarria Baja y sus modernas infraestructuras hidráulicas, fuente de riqueza y promesa de desarrollo turístico. Así contamos, para empezar, con un abanico de imágenes de la propia Pastrana, entre las cuales figuran, junto a la artística vista general de la villa y la del convento de San Francisco con los niños seminaristas (ésta de meditada composición), una nutrida secuencia con la procesión del Corpus Christi y varias fotos del Palacio Ducal tras la restauración dirigida en los años centrales de la década por el mencionado arquitecto González-Valcárcel. Hay muchas imágenes de los embalses de Bolarque y Entrepeñas, dotadas de la potencia visual tan característica de la fotografía de obras públicas (moles de hormigón de perfil geométrico) o de la calidad plástica de los paisajes lacustres naturales o artificiales. Recrecida diez metros la antigua presa de Bolarque e instalada una nueva central eléctrica hacia 1960, posteriormente se acometieron obras de adecuación para el trasvase Tajo-Segura coincidiendo con los años en que se captaron estas imágenes: la visita de inspección del ministro de Obras Públicas Federico Silva data de abril de 1969. Construidos a mediados de los cincuenta, los embalses de Entrepeñas y Buendía (éste situado a caballo entre las provincias de Guadalajara y Cuenca) materializaron el deseo de progreso, conformando de inmediato un foco de atracción turística con la denominación de Ruta de los Pantanos (más tarde Mar de Castilla) cuya inauguración oficial en abril de 1959 se selló con la visita de operadores del No-Do y corresponsales de la todavía balbuciente Televisión Española, si bien los clubes náuticos y los complejos hoteleros se alzaron sólo a partir de 1965, año de la primera visita a la zona del ministro de Información y Turismo Manuel Fraga. La temprana industrialización de la provincia queda también reflejada en las imágenes de la fábrica de vidrio VICASA (empresa de matriz francesa) inaugurada en Azuqueca de Henares en 1963 y de la central nuclear de Zorita de los Canes, primera de las españolas (1968) y recientemente clausurada. Las restantes fotografías, casi todas de tono más tradicional pero no carentes en ocasiones de fuerza y cierto sentido del humor (a este respecto llama la atención el bodegón surrealista con la botella de Tío Pepe), abarcan los temas habituales: costumbrismo, fiestas populares, actos religiosos (por ejemplo, la procesión de los Cangrejos o antiguos Caballeros de doña Blanca de Molina en Molina de Aragón) y monumentos, en especial castillos (Anguix, Atienza, Jadraque, Molina, Torija, Pioz, Zorita de los Canes), pues en estos años se lanzaron ambiciosos planes de restauración de algunos de los más importantes: “Con ocasión del Día de los Castillos… nos parece oportuno destacar la gran labor de restauración de viejas fortalezas que se está realizando en la provincia y, sobre todo, el favorable ambiente popular que existe en este sentido. Donde hace apenas un lustro no había más que indiferencia, cuando no animosidad hacia estas ruinas históricas, hoy se respira un entusiasmo constructivo entre vecinos y autoridades, que se traduce en un mayor respeto y admiración por los antiguos castillos y en un declarado deseo de restaurarlos” (Luis Monje Ciruelo en Nueva Alcarria, 20 de abril de 1963). En este año se hallaban ya en curso de restauración los de Atienza, Jadraque, Torija y Zorita. Hermosa es la instantánea de la Puerta de Santa María de la muralla medieval de Hita, dinamitada en 1937 para facilitar el paso de camiones a la plaza, que contemplamos aquí en vísperas del comienzo de su larga reconstrucción. Encontramos también instantáneas de una representación teatral en el marco del famoso Festival Medieval de esta localidad alcarreña, cuya primera edición se celebró en 1960.